Thursday, February 27, 2014

Saturday, February 22, 2014

La elocuencia de la fotografía y de la palabra escrita.



Foto tomada del blog de Zoé Valdés,
 escritora cubana residente en París; Premio Azorín de Novela 2013 por La mujer que llora.

Saturday, February 15, 2014

The nun behind the counter

By Aymara Lorente

                                                                                   To her, wherever she is, 
                                                                                  and to Pedro, by my side


I remember as if it were today. There was that kind, unassuming, but convincing and smart little woman. She was a nun, an envoy right from above.

God put her in the most unusual place: believe it or not, she was our honeymoon travel agent.
Right there, on the spot,  she gave us her quiet speech, while booking and issuing our hotel reservations. She raised her head, once in a while, to look at our eyes; to see through them, and watch our reactions. We were both in awe, listening. I’ll never forget the things she said, the metaphor she used, comparing marriage to a new fragile plant that needed to be watered every single day; without excuses, in smooth times, or bracing for storms.

Nobody had talked to us that way, about unconditional love, sacrifice, and the difficult, but rewarding road ahead.  And although we were so fortunate because we already had our parents' examples to follow, I know now, I feel it, she helped a lot.





Saturday, February 1, 2014

Un diminuto paisaje en la cocina.


Por Aymara Lorente





Hemos regresado varias veces a la Quinta Avenida en la parte Este de Central Park, particularmente a la zona donde se encuentran muchos vendedores de libros, discos, souvernirs, y también caricaturistas y pintores. Siempre vamos buscando a un viejo artista italiano, después de aquel único encuentro, que forma parte de los recuerdos de la última primavera en New York.  Ya va a hacer prácticamente un año que le compramos una obra, un tranquilo paisaje que nos atrapó, y el cual mandamos a montar, unos días después, en un marco que costó, como todo ese tipo de cosa en New York City,  “an arm and a leg”.  Pero bien valió la pena porque el apacible paisaje y el austero cuadro parecían haber sido creados el uno para el otro.   El stand de aquel pintor italiano estaba muy cerca de un  vendedor de buena literatura clásica norteamericana e internacional, y entre otros muchos libros interesantes que vimos, encontramos y escogimos una obra de James Joyce.  El amable vendedor adicionó, como presente, una recreación suya, un pequeño retrato inspirado en alguna foto de ese autor irlandés. 

El nombre del pintor y escultor italiano, autor de nuestro diminuto paisaje, es José Bon Fantino.  Aquel día él nos confesó, mostrándonos sus manos, que ya casi no pinta porque sus dedos han sido deformados por la artritis.  Sobre todo le cuesta un gran esfuerzo el simple hecho de firmar las obras, tiene mucha dificultad para escribir.  Volveremos otra vez a esa área esta primavera, y quizás tengamos la alegría de divisarlo desde lejos entre sus creaciones, y cerca de aquel librero.  Ellos ofrecen una combinación perfecta para pasar un buen tiempo buscando tesoros pintados o escritos, allí junto al vibrante mundo de Central Park.