Monday, December 28, 2015

Gracias por tantos mensajes en esta Navidad, y sus bendiciones para el 2016.

Memorias e imágenes recientes, con amor para nuestros familiares y amigos.
Salud y prosperidad para todos, y paz para nuestro frágil mundo.

















Monday, December 21, 2015







By Henry Wadsworth Longfellow 

Holidays

The holiest of all holidays are those
Kept by ourselves in silence and apart;
The secret anniversaries of the heart,
When the full river of feeling overflows;--
The happy days unclouded to their close;
The sudden joys that out of darkness start
As flames from ashes; swift desires that dart
Like swallows singing down each wind that blows!
White as the gleam of a receding sail,
White as a cloud that floats and fades in air,
White as the whitest lily on a stream,
These tender memories are;--a fairy tale
Of some enchanted land we know not where,
But lovely as a landscape in a dream.



#FamilyFriendPoems 



http://christianquotesforyou.tumblr.com/

Saturday, November 14, 2015

Paris attacked again

The Islamist terrorists want to erase the values of our western civilization, and still many don't see it. My heart goes to all the victims, their families, and to the people of France.


New York Post photo

Saturday, October 24, 2015

Luz

Una palabra…en español.
No.1     Luz

Por Aymara Lorente

                                                                 La libertad adoro y el derecho.
                                                                 Odios no sufro, ni pasiones malas:
                                                                 Y en la coraza que me viste el pecho
                                                                 Un águila de luz abre sus alas.

                                                                                                            José Martí
                                                             (Fragmento de su poema Cual de Incensario Roto…)
                                                                                                                    

Andaba desde hace algún tiempo buscando la palabra apropiada para iniciar y dar vida a una idea que imagino como una serie de breves soliloquios, pero que en realidad es sólo un pretexto para usar y explorar el vocabulario de mi idioma natal, el español. Unos días atrás comenzó a presentarse ante mis ojos, recurrentemente, esa palabra, a través de varias evidentes señales.  La primera ocasión que atrapó mi atención fue cuando releí una nota informal de agradecimiento que escribí a una buena amiga.  Finalizaba la nota expresando cuatro simples palabras que encerraban la verdad de mis sentimientos: “gracias por tu luz”.  En esa ocasión no tomé consciencia de que ésta podría ser la inspiración para mi primera incursión en el homenaje exploratorio al rico idioma que escuché al arribar a este  mundo. 

En pocas horas reapareció, aun con un brillo más sugerente, en  un artículo sobre uno de mis pintores preferidos. En el periódico ABC de España leía el titular A la luz de Joaquín Sorolla, escrito un par de meses atrás por Delfín Rodríguez. Ese trabajo hablaba de una muestra en la casa del pintor en Madrid, lugar que hace poco tuve la oportunidad de disfrutar, y que me motivó a escribir una crónica para este blog. El artículo de Rodríguez, más que una promoción de la exposición de Sorolla, era un reconocimiento y alabanza a la luz que creaba en sus obras, comparándola con el logro, o resultado, de una mirada fotográfica.

 Sin yo sospecharlo, pero como para disipar totalmente mis dudas sobre la palabra apropiada, empiezo a leer al azar, entre tantos libros para escoger en casa, Hombres Buenos de Arturo Pérez-Reverte (Alfaguara, 2015, edición de Penguin Random House Grupo Editorial). En la página que da inicio a la novela el autor la utiliza en dos ocasiones.  Citaré el primer párrafo desde el comienzo, y hasta un par de palabras más allá de donde aparece, por primera vez, en la página ese vocablo porque tanto el estilo narrativo como el tema son realmente encantadores en su deslumbrante y humana sencillez.  En él escribe Pérez-Reverte: “Imaginar un duelo al amanecer, en el París de finales del siglo XVIII, no es difícil. Basta con haber leído algunos libros y visto unas cuantas películas. Contarlo por escrito es algo más complejo. Y utilizarlo para el arranque de una novela tiene sus riesgos. La cuestión es lograr que el lector vea lo que el autor ve, o imagina. Convertirse en ojos ajenos, los del lector, y desaparecer discretamente para que sea él quien se las entienda con la historia que le narran. La de estas páginas necesita un prado cubierto por la escarcha de la mañana y una luz difusa, grisácea,…”.  Creo que lo mejor que puedo hacer después de compartir tanta artística sutileza es escribir: sin comentarios. El autor, con su maestría, lo dijo todo.  Quedó confirmada entonces la palabra/tema. Pues a seguir la luz, me dije. Aunque en realidad fue ella la que me alcanzó, como ven,  en más de una ocasión. Eso sin contar que cuando hablo con Dios, lo único que pido para mí y los que amo es que nos ofrezca su luz, que la vierta ante nosotros para que podamos ver con mayor claridad el camino.

Hay palabras que son bellas sólo por su musicalidad, pero siento que hay otras que reúnen un doble interés de atractiva forma y contenido.  En el idioma inglés he encontrado palabras con un especial sonido, entre ellas  “dove” y ” love” (paloma y amor) que al mismo tiempo son hermosas por su significado, por lo que representan. En español la palabra “tapiz”, para mencionar un ejemplo,  tiene un sonido que encuentro sumamente musical y sugerente, y que además se asocia con un objeto entrañable del hogar, o con alguna valiosa pieza digna de ser exhibida en un museo.  De nuevo un vocablo que encierra belleza palpable y también emotiva. Y lo curioso de todo esto es que, sin ni siquiera pronunciar la Z como mis antepasados, me las he arreglado, por la gracia divina, para presentar dos ejemplos, (incluyendo la motivadora “luz”), de palabras que pronunciadas en castellano tienen un vuelo mayor. Pero con los pies en la tierra, y las manos en los sentimientos, hago mi homenaje con orgullo, a través de este divertimento y desde mi cubano español.

Y hablando de lo cubano para concluír este tema de la luz, es algo innegable que la vida de la reconocida escritora y artista Zoé Valdés, al igual que la de otros intelectuales con su postura, hubiera sido mucho más fácil si no fuera porque decidió colocarse del lado del sol, concepto que sabemos nuestro José Martí siempre asociaba con la valentía de la verdad. Fue a ella a quien sinceramente le di las gracias por su luz, frase que mencioné  al inicio de este trabajo.  Desde entonces, e inspirada por el deseo de homenajear, a través de simples soliloquios, los vocablos de nuestro idioma, empezó a concretarse la idea.  De ese modo comenzó la palabra a sugerirse, a partir de esa muestra de agradecimiento hasta que, evidentemente, demostró ser una buena candidata para guiar estas primeras disquisiciones sobre nuestra lengua natal, el español. Considero que nuestro idioma es sumamente versátil, y de una sensibilidad especial en todas sus geográficas tonalidades y variantes.  Por ello me complace haber mencionado, en este primer divertimento, viajando e incursionando, a partir de la palabra “luz”, conceptos importantes en mi vida como son la búsqueda y el reconocimiento de la verdad y la valentía. Tampoco podia olvidar el arte, particularmente la pintura, ni dejar de plasmar la hermosura de los libros y la palabra escrita; mostrando también la fe que me guía; todo ello con el propósito de abundar en la naturaleza y la belleza del idioma español.  Trataré de estar alerta para encontrar otras palabras que me  motiven a continuar explorando nuestro lenguaje, y nos conduzcan por similares y enriquecedores caminos, a la sombra de los abuelos.


Friday, July 3, 2015

U.S.A: el último gran salvavidas.


Por Aymara Lorente

En el Día de la Independencia de los Estados Unidos.

Cuando éramos niños, jamás nos íbamos al mar sin antes colocarnos aquellos coloridos salvavidas inflables.  Nuestros padres y nosotros nos sentíamos más confiados con la asistencia de los anillos salvadores. Aun así, la persona mayor más cercana siempre mantenía una de sus manos sobre esos círculos de goma para mantenernos controlados a su alrededor, y que las olas no nos fueran alejando de su área de protección.  Por aquel entonces, si no había el dinero, o se había ponchado uno de aquellos flotadores, se utilizaban las llamadas cámaras de gomas de autos que, quizás ya remendadas y en desuso, dejaban su destino de las carreteras para ser lanzadas al mar, volviendo así a la vida, esta vez convertidos en una muy útil versión alterna de los clásicos salvavidas.
 En aquella época en que se empezaba a sufrir el paso y el arraso de las primeras décadas de la involución cubana, los tan familiares salvavidas fueron desapareciendo.  Empezaron a verse entonces pequeñas y grandes balsas también inflables.  De aquellos ingenuos juegos y artefactos playeros quizás surgió la idea de ese otro tipo de balsa, construido con toda clase de material que pudiera mantenerse a flote, para lograr propósitos más arriesgados y definitivos: atravesar el estrecho de la Florida y escapar de la isla prisión.
Desde la década de los años sesenta los cubanos han emigrado masivamente, por cualquier vía, hacia los Estados Unidos de América, y aun hoy que ya se estrechan las manos los políticos de ambos lados (rebajándose los Obama de aquí a la vergonzosa e innegable bajeza de los Castro de allá), el éxodo no cesa, más bien se ha incrementado. Cuentan que en estos últimos meses, desde el comienzo del deshielo en las relaciones,  se ha triplicado la cantidad de cubanos que entra por la frontera de México.   La crisis en Europa los ha obligado a dejar atrás también el viejo continente.  Todos temen que se elimine la ley de ajuste cubano, y ya no tengan acceso garantizado y permanente a la tierra prometida.
Desde hace algún tiempo me preocupa la visión que tienen los nuevos inmigrantes sobre este país, algunos lo ven sólo como un enorme salvavidas.  Muchos recién llegados, de nuestra isla y del mundo, se instalan sin el deseo o la intención de aprender sobre el nuevo lugar que los acoge.  Sus hijos nacen aquí, y no se les transmite un sentimiento patriótico, ni de agradecimiento, hacia la tierra donde han venido al mundo, y  que deberían amar tanto como la de sus padres.  Esta indiferencia, intencional o inconsciente,  no era usual hace un par de décadas atrás. Muchos adultos que ahora viven aquí, o que aprovechan temporalmente en prolongadas estancias lo que este país ofrece, se comportan como si habitaran una nube pasajera, ignorando o minimizando el valor de todo lo que aquí abunda, particularmente la libertad y la dignidad individual.  Algunos no toman ventaja de las oportunidades a su alcance para crecer como seres humanos, no tienen la valentía o la disposición para empezar a luchar de cero, con realismo y humildad.  Se conforman con asistencias y ayudas que solo crean dependencia, no se proponen alcanzar nuevos y prometedores objetivos que les conducirían a convertirse en personas independientes, cosa que es alcanzable en este país, por medio del trabajo honrado, a cualquier edad.    
Me parece oportuno recordar hoy que esta nación no es una plataforma flotante,  ni es sólo un enorme salvavidas. The United States of America es un generoso país, con historia e identidad, que le abre las puertas y ofrece oportunidades a todo el que llegue a sus costas, hasta a los que lo critican y, paradójicamente, también a los que lo odian.  Sin embargo, ninguno de estos permanentes o temporales inmigrantes puede alejarse por largo tiempo de estas tierras porque muchos quedarían para siempre perdidos, a la deriva.


Sunday, May 24, 2015

Incursión en la Dolce Vita.

Por Aymara Lorente


 


Luca, un modelo casual.
Fotos de Aymara Lorente




Traspasando los límites de otros cielos, llegamos a Europa.  Los americanos y los ingleses dirían que viajamos “across the pond”, enfatizando el hecho de que el vasto mar Atlántico separa físicamente América del viejo continente, ellos tratan de minimizar, con el sentido del humor que acarrea la paradójica frase, la inmensidad del “laguito”.  Siempre he sentido fascinación por el mundo del cual llegaron los abuelos.  Por esa y otras desconocidas razones, con todo lo que me gustan las cálidas playas, las cambio, sin pensarlo, por un saltico a alguna ciudad de Europa.

Italia, como cada uno de esos viejos países, tiene sus particularidades bien definidas, al igual que sus gentes.  Desde mi primera visita a esa nación, me pareció que los italianos, a pesar de su aspecto distinguido y actitud ceremonial, que notamos especialmente en Roma y en la zona del norte, (heredado de los emperadores, supongo), son en una gran mayoría atentos, afables y sumamente pacientes en su trato personal.  Al menos esa ha sido mi experiencia, confirmada en una reciente estancia en Venecia.  Esa maravilla única de ciudad, cuyo mapa parece la invención de un genio de la ciencia ficción, es invadida en la temporada turística, desde la primavera hasta el verano, por una masa extranjera, y de otras regiones de la propia Italia.    Todos los visitantes que deambulamos por sus callecitas, navegamos sus canales y atravesamos los cientos de puentes como una colonia de hormigas, interferimos en el ritmo normal de la vida de sus habitantes.  Puede uno pensar que se encuentra en una galaxia suspendida donde asistimos a una reunión multitudinaria de las Naciones Unidas.  Sin embargo, si se logra apartar la mirada de los paisajes, excelentes museos, las cúpulas de las iglesias, los palacios y las góndolas, podemos descubrir que en medio de nosotros se mueven los verdaderos venecianos, tratando de llevar sus vidas, rutinas y acontecimientos familiares y sociales con naturalidad, a pesar de la abrumadora presencia de las hechizadas hordas extranjeras. En esos casos quizás no nos dé tiempo a plasmar la preciosa espontánea ocasión en una foto, pero si podemos disfrutar los profundos detalles humanos de esos momentos. Me vienen a la mente algunas de esas raras visiones captadas en milagrosos intermezzos.  El más emocionante de todos esos sucesos fue cuando descubrimos una masa de personas locales frente a la fachada de un teatro, una mujer salía del edificio conmovida, secándose las lágrimas.  La mayoría eran parejas, con la vestimenta normal europea de un día de oficina.  De pronto notamos una cantidad grande de niños apareciendo por una puerta lateral, de dos en dos o en pequeños grupos, dados de las manos, y los padres se les acercaban apresurados, caminando a su lado por unos segundos para felicitarlos antes de que se alejaran, ya de regreso a la escuela después de lo que aparentemente había sido una representación teatral.  Los niños iban vestidos con atuendos sencillos confeccionados con papeles de colores, nada de fancy trajes o brillos. Fue una escena que me hizo pensar un poco más en la verdadera ciudad y sus gentes, y logró demostrarme y recordarme, para mi bien, que todo el que me rodeaba no estaba de vacaciones, ni era un turista.  Hubo otras dos ocasiones similares, una en las afueras del museo de la Academia donde, al nosotros salir, notamos a un grupo numeroso de niños, que no llegaban a los diez años, reuniéndose a las puertas del edificio, organizándose gracias a la diligencia de algunos mayores y una monja que los acompañaba, preparándose para atravesar aquella puerta que los llevaba a un mundo de riqueza artística e histórica del cual eran cercanos herederos.  También recuerdo otro de estos momentos cuando vimos, dentro de alguno de los grandes museos que visitamos, un numeroso grupo de jóvenes, de educación secundaria o quizás eran estudiantes universitarios de uno de los reputados centros de la ciudad, que escuchaban atentamente a un maestro o guía, quien en gran detalle les explicaba las obras más sobresalientes. Mucho me impresionó que los chicos ni chistaran, sentados en los bancos centrales de las diferentes salas miraban inmutables al disertador, a pesar de las exageradamente largas explicaciones que ofrecía.  Yo que soy tan amante del arte, no hubiera soportado a esa edad, con tanta estoicidad, todo aquel ilustrativo discurso, sin al menos mover una pierna, desviar la mirada hacia los frescos de los techos, o bostezar con disimulo.

El poderme abstraer mentalmente, en esas ocasiones, de la vorágine turística me permitió ver esa otra Venecia que  es mucho más que los canales y la historia que vamos buscando, es un mundo real de seres que, en los meses preferidos por los visitantes, se convierten en sus gentiles e improvisados guías, sirviéndoles en los restaurantes, informándolos en las calles, con suma amabilidad y sin prisa.  Ellos, los venecianos, que disfrutan tanto la buena comida, los conciertos, el relajamiento acompañado de un spritz o el delicioso bellini, que viven para el momento de llevarse a los labios un aromático espresso, macchiatto o cappuccino, no vacilan en guiarnos en nuestra breve incursión a su mundo de la dolce vita.




Foto Aymara Lorente


Puente de la Academia
Foto Aymara Lorente



Guido, un genuino veneciano, amable y culto.
Foto Pedro Lorente



Foto Pedro Lorente

Saturday, February 14, 2015

Uniqueness



By Aymara Lorente

                                                                  To Pedro and all the people I love.


Here, in the United States, Valentine's Day is a celebration that includes not only couples, but all kinds of love, and I like this concept.  Children bring cards and candy to their teachers and classmates, friends are invited to go out, to have fun. Of course, if you are lucky enough to have somebody special in your life, this day is even more wonderful.

When we have a person to love and to experience life with, we try our best to keep him or her close, to make something great of every second we spend together.  To me, the secret to a great relationship is to respect the other half throughout the long path we take in our quest for happiness. But first, we need to know and consider ourselves to be able to help and support another person, and to allow our partner become whatever he or she dreams of. We learn to sail through harsh waters, and we try not to make the same mistakes because we care.  We work hard on our relationships every step of the way. But I think we overlook the unbelievable opportunity we have to get to know another person in a very close and detailed way.  A human being is something precious because it is not only what you see at a glance what really matters.  The most attractive and interesting traits of a human are, in my opinion, his heart and his mind, the things that make this person unique.

I have never forgotten what I once read about a mature couple, it was many years ago.  I remember they were TV actors, and she got breast cancer.  Somebody interviewed them after her operation, and what her husband said stayed with me all these years.  They had decided to quit their acting careers to concentrate on each other, and he explained that all he wanted to do, from that moment on, was to get to know her soul and her body in every minuscule detail. That idea and purpose, I think, was so profoundly emotional and thoughtful, that the concept comes to me like a flash, again and again. That man realized the treasure they shared, the love they were so lucky to feel, but most of all the great opportunity we have in life of getting to know another human being in an intimate level and a loving way. It is like having a whole world to discover embodied in the one we care for.  Our partner is a precious map we have to consciously get to walk slowly, so we do not miss any marvelous detail of his flesh and soul.