Saturday, October 26, 2013

Big government, big trouble

Por  Aymara Lorente

Nosotros los cubanos bien sabemos las consecuencias de que un gobierno se asigne demasiado poder.  El caso especifico de Cuba es el extremo, pero por esa misma razón creo que los que crecimos allí no podemos evitar sentir temor cuando el gobierno del país donde actualmente vivimos comienza a multiplicarse y a otorgarse demasiadas prerrogativas.

En el lugar que uno menos espera que suceda esto es aquí, en los Estados Unidos, pero está ocurriendo, y a una velocidad vertiginosa, sobre todo con el último engendro que no acaba de nacer.  El completo cambio, más bien una transformación de 365 grados, que tratan de aplicar al sistema de salud existente, sustituyéndolo por el mal llamado “universal”, más conocido como Obama Care.  Uno no puede creer que un país basado en la libertad y el ingenio individual, la competencia y la creatividad empresarial caiga en situaciones como esta, que quizás sea lógico en países con otro origen y organización, pero de ninguna manera aquí.
Mi opinión, nada científica, ni complicada, y que hasta una criatura con escasas neuronas podía proponer, es que había que mejorar el alcance del sistema de salud de este país, sin tocar lo existente, sin perturbar su calidad.  Los más pobres siempre han tenido seguro, al igual que los ancianos.  Pero había que darle esa oportunidad a los que han perdido su trabajo, o a los que laboran para compañías que no ofrecen seguro medico.  A ellos debió  dárseles la  posibilidad de adquirir seguros a bajo costo.   Pero  cambiarlo todo tratando de emular el sistema de otros países, donde existen otras características y condiciones, es completamente absurdo y extremadamente costoso.  De nada le valió a este gobierno ver las barbas de sus vecinos arder.  Me refiero al impresionante y lamentable empobrecimiento de países como Grecia, España, e Italia, entre otros, que debido al despilfarro administrativo y a los excesivos gastos sociales, han tenido que tomar medidas sumamente drásticas y dolorosas porque el mal manejo les llevo al borde de la bancarrota.   No obstante, ciegamente continuaron aquí con el descabellado proyecto, que además considero inconstitucional, por el carácter obligatorio de su estructura.   Ingenuamente han basado el éxito del nuevo programa en la incorporación de los jóvenes, y con el dinero aportado por ellos piensan mover toda la enorme maquinaria burocrática e intrusiva que es este nefasto proyecto.  Y a simple vista se puede captar que esa implementación representa enormes consecuencias para la economía, las libertades civiles, y sobre todo para la calidad de los servicios de salud que recibe la población de este país.  Desafortunadamente los ancianos son los que al final serán los más perjudicados, ellos que aquí siempre han recibido una atención óptima. Cosa que he visto aplicada, hasta ahora, a los ancianos de la familia.

Desde hace meses ya todos empezamos a ver el preámbulo y a sentir los efectos.  Las pruebas médicas para las que antes no había que esperar, ahora tienes que aguardar semanas para su aprobación.  Y qué decir del precio de los seguros ya existentes, ahora son incosteables.  A eso se suma lo peor, y es que aquellas personas no aseguradas, pero que no quieren por ahora acogerse al nuevo sistema “universal”, se ven en la obligación de pagar una multa, no tan dolorosa el primer año, pero para el segundo se incrementa astronómicamente.  Personalmente lo considero un ataque a las libertades individuales y civiles.  Y aunque yo no estoy entre los que tienen que pagarla, creo que es totalmente injusto y antidemocrático.   De todas formas, como van las cosas, esa criatura no acaba de nacer, ni siquiera han podido echar a andar con eficiencia la website del proyecto.  Ante los ojos de muchos esto no es más que una señal de la oposición  divina; o simplemente el resultado de la lentitud lógica de una causa burocrática descomunal,  de una imposición innecesaria y evidentemente descabellada.


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